«Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar» (Jesús Carrasco, Intemperie)

martes, 4 de marzo de 2014

Gaspar Hernández, escritor: “Hay escritores que empiezan sus novelas de manera abstracta, pensando en los temas; a mí me interesa la historia”

Héctor Amat es un actor que padece ansiedad. Después de presenciar por casualidad el asesinato de una joven, se bloquea y no recuerda detalles de lo sucedido. Para mitigar la angustia y recuperar su memoria, Héctor acude a la consulta de la psicóloga Eugenia Llort, la terapeuta que lo atendió en la propia escena del crimen. Esta relación, en un primer momento profesional, se irá convirtiendo en una relación de dependencia que llegará hasta límites inusuales. Para que él pueda actuar, ella acudirá cada noche al teatro en el que Héctor interpreta a Dick Diver, el personaje protagonista de 'Suave es la noche'. Pero como su propio personaje, un psicólogo que se enamora de una paciente, él también terminará por enamorarse perdidamente de su terapeuta.  Bajo este planteamiento se desarrolla 'La Terapeuta', la nueva novela del escritor gerundense Gaspar Hernández, editada por Planeta, con el que pude conversar acerca de su libro hace unas fechas y del que un astrólogo dijo que "tenía los pies en el suelo y la cabeza en la ficción".

Gaspar, ¿cómo se tropieza usted con esta historia?

«El primer latido» —como lo llamaba Nabokov— de ‘La Terapeuta’ surgió de un suceso real: en el parking de un centro comercial de Málaga, un hombre fue testigo del asesinato de una mujer. Se acercó a la víctima, que yacía en el suelo, la cogió entre sus brazos y ella le dirigió una mirada de incomprensión en tanto se desangraba. Con sus ojos le decía al hombre, llamado José Manuel, que se estaba muriendo y no sabía por qué. José Manuel no pudo olvidar esa mirada. Le afectó hasta el punto que dejó el trabajo a los pocos meses y entró en depresión. El caso lo escribió Francisco J. Santolaya, doctor en psicología, en el ensayo ‘Secretos de Consulta’, de Javier Urra, publicado por mi editorial, Planeta. Me llamó la atención hasta el extremo de que una noche fui yo, tan solo un lector, el que se despertó sobresaltado por la mirada de aquella mujer a la que nunca había visto. El resto de ‘La terapeuta es ficción.

Si uno no padece ansiedad, para describirla ha de introducirse en la mente del protagonista, en este caso Héctor Amat, todo un reto, ¿cómo se ha documentado para lograrlo?

He estado cinco años documentándome. Yo, personalmente, que supiese, nunca había padecido ansiedad. O al menos nunca había llegado al extremo del protagonista. He leído ensayos, y he hablado con muchos ansiosos y psicólogos.

¿De qué nos avisa nuestro cuerpo, nuestra mente, cuando padecemos un trastorno de ansiedad?

La ansiedad no tiene por qué ser mala. Es una reacción del cuerpo que nos avisa de un peligro, como una alarma. El problema es cuando esta alarma se dispara demasiado, avisándonos de peligros no reales, sino imaginarios. Entonces, como cuento en ‘La Terapeuta’, el cuerpo se bloquea. Y la mente no entiende nada. Pero hay distintos grados de ansiedad, e insisto en que no tiene por qué ser mala, ni grave.

Los tiempos que vivimos, la crisis, el paro, la economía ¿son proclives a que se multiplique esta enfermedad?

Sin duda. Yo defino la ansiedad como miedo al futuro. Y durante los últimos años, en los que transcurre la novela, ha habido mucho miedo e incertidumbre. La ansiedad se ha disparado entre la población. Es el mal de nuestra época.

A la hora de escribir ‘La terapeuta’ ¿qué le interesaba más: la historia, la novela en sí o profundizar sobre todo lo que significa la ansiedad? ¿Por qué?

La historia. No escribo pensando en los temas, sino en la historia. Y ahora usted y yo estamos hablando sobre uno de los temas de ‘La Terapeuta, la ansiedad, pero podríamos estar hablando de otros, como la opacidad de la vida de quienes nos rodean. O de los hombres vulnerables, como el protagonista, Héctor Amat, muy alejados del “típico macho ibérico”. Hay escritores que empiezan sus novelas de manera abstracta, pensando en los temas; a mí me interesa la historia.

Algunas personas sienten ansiedad pero pueden desarrollar su trabajo, mientras que otras por su oficio no pueden. Héctor Amat es actor y pertenece a este segundo grupo. ¿Por qué escogió precisamente el oficio de actor para su protagonista? ¿Qué le ofrecía el mundo del teatro, de los escenarios, a la hora de sentarse a escribir?

El enfrentarse al público, buscar su reconocimiento, sus aplausos. Hoy en día todos somos un poco actores. Gracias a Facebook, a las redes sociales, todos nos exhibimos más, por ejemplo, que nuestros abuelos. Como digo en ‘La Terapeuta, nunca como ahora se había dado tanta importancia al yo. Lo que pienso, mis amigos, mis fotos… Sí, somos un poco actores. Y el mundo de Héctor Amat también me ofrecía el denominado pánico escénico (que no sólo sufren los actores, y que es el segundo miedo en Occidente).

Por cierto, ¿es muy frecuente esta patología entre los actores?

Sí, y también se toman muchos tranquilizantes. Y otras drogas.

Cuando una persona entra en terapia toma una decisión importante que a veces no resulta fácil de adoptar. Sin embargo, a su protagonista no le queda otro remedio y se interna en ella como la única tabla de salvación ¿es así?

Es así. El está convencido de que no podrá actuar si no se pone en manos de la terapeuta. Y su trabajo, como para muchos hombres, lo es casi todo. Además, tiene síntomas raros –pierde el equilibrio, por ejemplo- y está asustado. Sólo con la terapeuta se tranquiliza.

La psicóloga Eugenia Llort decide acompañar diariamente a su paciente durante su trabajo en el Teatro Romea algo que no parece muy frecuente, ¿hay muchas psicólogas que en la realidad utilizarían esta metodología?

No, pero la terapeuta de ‘La Terapeuta’ es la protagonista de una novela, y ya sabemos que en la ficción las cosas pueden ser un poco exageradas… Aunque la terapia que utiliza la terapeuta de la novela, Eugenia Llort, que se denomina terapia cognitivo-conductual, es muy habitual. Se trata de afrontar aquello que nos da miedo. Como por ejemplo, el miedo a volar. ¿Cómo? Subiéndonos a un avión. Paso a paso. Aunque nos de miedo.

¿La sola presencia de una psicóloga puede infundir suficiente serenidad a una persona, en este caso, a un actor para que afronte con garantías los momentos de ansiedad? ¿Tan fuerte es la sensación de dependencia que se crea entre ambos?

En la historia de la novela. En la vida real, no sería sana una relación de dependencia entre un cliente y su psicóloga. Es más, los psicólogos tienen herramientas para evitar que eso suceda. Aunque hay algunos pacientes que al cabo del tiempo se curan, que ya están bien, y sin embargo quieren seguir con la terapia.

¿Es frecuente que un paciente se enamore de su terapeuta? ¿Por qué ocurre esto?

No hay estadísticas. No se puede saber. Sin embargo, estos días, viajando por toda España, en las presentaciones de la novela, se me acercan pacientes, hombres y mujeres, que me cuentan que se han enamorado de su terapeuta. Por suerte, los especialistas saben cómo poner límites y reconducir esta situación. Estos días digo medio en broma que no es extraña la atracción del paciente hacia su terapeuta. Los psicólogos ya son de las pocas personas que escuchan en nuestra sociedad. Ya casi nadie escucha con atención plena.

En  un momento determinado, Eugenia Llort le ofrece a su paciente dos opciones: la famosa pastilla del Trankimazín 0,5 mg. o ponerse a escribir una especie de diario, un Word lo llama ella. ¿Hasta qué punto la escritura puede obrar efectos balsámicos en un paciente ansioso?

La escritura casi siempre es terapéutica. Me refiero a la escritura íntima, sin intenciones de ser publicada. Llevar un diario es una forma de autoconocimiento. Hacer balance de cómo nos ha ido el día o la semana, de nuestros agradecimientos y miedos… Y por lo que se refiere estrictamente a un paciente ansioso, hay cosas sorprendentemente balsámicas, como el “efecto santuario” que se describe en la novela. Personas que los calman.

La última: pasando al terreno personal, si me lo permite, usted conduce un programa de radio, L’ofici de viure, en Catalunya Ràdio. Mientras estaba en antena ¿ha sentido en algún momento estados de ansiedad? En caso afirmativo, ¿cómo se las ha apañado si puede saberse?

No he experimentado, durante el programa de radio (toco madera), la ansiedad que describo en la novela. Sin embargo, hay un tipo de ansiedad que sí he sentido, una ansiedad leve, antes del directo. Es una ansiedad parecida a la del alumno antes del examen. Una ansiedad positiva, un motor: sin esa pequeña ansiedad –que no nos bloquea- quizá no daríamos lo mejor de nosotros. Supongo que algo parecido deben de experimentar los futbolistas antes de empezar un partido trascendente. Aunque últimamente el juego del Barça –eso dicen los expertos- es un poco aburrido. Quizá los jugadores no tienen ese punto de ansiedad antes de salir al campo.


SOBRE GASPAR HERNÁNDEZ

Nacido en Girona en 1971, Gaspar Hernández es escritor y periodista. Ganador del Premio Josep Pla por su novela 'El silencio', libro de ficción más vendido en Catalunya en el año 2009, actualmente dirige y presenta el programa 'L'Ofici de viure' en Catalunya Ràdio.