«Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar» (Jesús Carrasco, Intemperie)

domingo, 15 de junio de 2014

Lorenzo Silva, escritor: “En la vida, creo que a partir de un cierto momento o te haces filósofo o te deprimes”

Mientras pasa el fin de semana en familia, el brigada Bevilacqua recibe el aviso de que el cadáver de la alcaldesa de una localidad valenciana, cuya desaparición había sido previamente denunciada por el marido, ha sido hallado por unos turistas en la playa. Para cuando Bevilacqua y su equipo llegan y se hacen cargo de la investigación, el juez ya ha levantado el cadáver, las primeras disposiciones están tomadas y se está preparando el funeral. El lugar es un avispero en el que se desatan todo tipo de rumores sobre la víctima, una joven promesa que venía a romper con los modos y corruptelas de los viejos mandarines del partido y que apostaba por renovar el modo de hacer política. Además, el descubrimiento de su agitada vida sexual, que puede calificarse de todo menos insípida, arroja sobre el caso una luz perturbadora. Pero no hay mucho tiempo para indagar y en esta ocasión Bevilacqua y Chamorro deben apresurar una hipótesis en un fuego de intereses cruzados, en el que la causa de la joven política es también la causa de la integridad personal, de la que el país entero parece haberse apeado. Esta es la sinopsis de ‘Cuerpos extraños’, la nueva novela de Lorenzo Silva, editada por Destino, perteneciente a la ya larga serie protagonizada por los guardias civiles Rubén Bevilacqua  y Virginia Chamorro.
Lorenzo, tenían que ser Bevilacqua y Chamorro los que ubicaran a Valencia dentro del mapa de la novela negra española.
Bueno, en la novela yo tengo dos geografías. Una es Valencia, de la que incluso aparece algún elemento simbólico que se relaciona con el título, y la otra es una localidad de la costa, indeterminada, de tamaño medio, de la que pueden existir otras treinta similares dentro de la Comunidad Valenciana. Juego a la indeterminación y no puedo definir exactamente a ninguna de ellas, aunque tengo dos o tres en mi mente. Más que la geografía de la propia capital me interesaba la de esa ciudad costera, por todo lo que mueve y significa, ya que en buena medida forma parte del tejido económico y social de esta tierra.
¿La ficción se parece a la realidad o la realidad supera a la ficción?
Me quedo con que la realidad supera a la ficción, siempre  teniendo en cuenta que eso no quiere decir que yo cuente hechos reales. La propia realidad puede generar una ficción, lo que ocurre es que si escribes una historia a partir de factores reales, no es improbable que esos factores conduzcan a unos resultados determinados. Si me invento una novela en la que asesinan a una política, de repente me veo superado por la realidad porque, justo cuando está a punto de salir a la venta el libro, una política es asesinada por una mujer ama de casa que ha comprado una pistola en el mercado negro.
¿Era inevitable que un hecho como esté último sucediese?
Eso es estremecedor. Algún día alguien tendrá que contar entera esa historia, aunque ya conocemos muchos datos, y tendrá que hacerlo sin justificar ese modo de actuar. Este suceso pone de manifiesto unas ciertas dosis de frustración, no física pero sí espiritual, y de violencia que circulan por nuestra sociedad y por los entornos del poder. Se han cruzado una serie de líneas rojas que hacen inevitablemente probable que estos hechos se puedan producir. Todavía no estamos en el Chicago de los años veinte, nos encontramos muy lejos de aquello, pero si continúan apareciendo estas señales, alguien debería revisar de qué modo se están gestionando los asuntos comunes.
De la serie de la pareja de guardias civiles ya has publicado ocho entregas, ¿cómo lo llevan Bevilacqua, Chamorro y Lorenzo Silva?
En este momento lo llevamos bien. Cuando decidí que sería una serie y que los protagonistas irían envejeciendo, me planteé que en algún momento deberían entrar en crisis porque llega un punto en que las personas se hacen preguntas, voluntarias o involuntarias. Bevilacqua pasó por esta situación en un par de novelas anteriores y Chamorro lo hace en esta. A partir de ahora, espero encontrarme con dos personajes que ostentan esa cualidad llamada madurez, que a mí me parece bueno tenerla, sobre todo en un país tan crispado y exasperado como este. Me gusta mucho la gente que escucha, que tiene serenidad y que mantiene un criterio propio, ese personaje que se pone en lugar del que tiene enfrente y trata de entenderlo, aunque se trate de un criminal.
Efectivamente, en ‘Cuerpos extraños’ Bevilacqua se muestra mucho más reflexivo.
En la vida, creo que a partir de un cierto momento o te haces filósofo o te deprimes. Y yo tengo muy clara mi opción. Es mejor ser filósofo que estar deprimido. Bevilacqua ha optado por esta vía y ya tiene los años necesarios para resultar un filósofo suficiente.
¿El poso acumulado por los títulos anteriores enriquece la lectura de esta última novela?
Es algo curioso lo que te voy a decir. Llevo veinte años con los dos guardias y respondo, libro a libro, ante quien los ha leído todos y ante quien solo ha leído alguno. Y a unos les gusta más un título que otro, pero yo realmente siento que estoy construyendo una única novela, gruesa, de no sé cuantos miles de páginas y que la voy dando por entregas, porque la industria de los libros está organizada de ese modo. Tengo bien claro que estoy escribiendo un relato más amplio, de más largo aliento y solo me preocupa que todo ese corpus tenga un sentido final, que ocurrirá dentro de un tiempo, cuando Bevilacqua se jubile.
Una indiscreción: ¿Bevilacqua y Chamorro van a quedarse solteros?
Lo cierto es que no sé qué va a pasar con ellos. Hasta el momento presente están solos, porque es la tendencia actual de las personas, incluso de las que han vivido en pareja. La soledad cada vez está más presente en la vida de los hombres y mujeres del siglo XXI. Con Chamorro siempre he tenido un dilema, ya que ellas son las primeras que abandonan este tipo de unidades porque no les resulta fácil vivir a toque de corneta. Es muy difícil desempeñar un oficio en el que te llaman por teléfono un domingo a las cuatro de la tarde y te tiras diez días seguidos fuera de casa. Seguramente el marido las podría ayudar, pero también hay que tener presente cómo es la vida de su cónyuge.
Según has comentado en algún medio, ‘Cuerpos extraños’ es la tercera parte de lo que podríamos llamar “Trilogía de la Corrupción”. ¿Se publica ahora porque este lamentable fenómeno está más presente en la vida pública española?
No, ha surgido así por puro accidente. ‘El alquimista impaciente’ es la primera novela de la serie que habla de este tema. Es un libro del año 2000 y la corrupción ya estaba presente entonces. La idea que generó la escritura de ‘La marca del meridiano’, segunda parte de la Trilogía, es de 2004 y esta que acabo de publicar comencé a planteármela en 2007. Para contarlas he tenido que profundizar en determinados aspectos, porque eran obras que me exigían un plus de documentación. En ‘Cuerpos extraños’, por ejemplo, vemos cómo funcionan las unidades de la Guardia Civil dedicadas a la persecución de delitos económicos, un apartado que yo desconocía. Desde luego si lo miramos desde el principio, en catorce años todo sigue igual.
En este caso de la alcaldesa asesinada, Bevilacqua se encuentra muy mediatizado por sus superiores a los que ha de informar constantemente. No debe resultar fácil investigar bajo estos condicionantes.
Claro, pero ese es el pan nuestro de cada día para quien no es un investigador privado y está sometido a un estado de derecho y a una autoridad judicial. Ha de jugar en un espacio muy  constreñido. Creo que esa característica es un atractivo de este personaje, porque yo no conozco a nadie que pueda hacer lo que quiera. Estas restricciones ayudan a humanizarle y a volverle más real. Bevilacqua tiene un jefe directo, pero por encima hay otros superiores que también ejercen su autoridad sobre él. Y en ‘Cuerpos extraños’, cuando llega a la Comunidad Valenciana tropieza con otros mandos a los que tampoco puede saltarse.
El sexo está muy presente en ‘Cuerpos extraños’, algo no muy habitual en la serie.
Sí, Karen Ortí Hansen, la alcaldesa asesinada, no llevaba una vida sexual demasiado convencional. Se dice siempre y en este caso es verdad, el sexo aparece en la novela porque lo requería el guión, porque hay un cruce entre la vida privada y la pública de la mujer asesinada, una persona que había pasado su etapa de juventud en Dinamarca y que tiene un modo diferente de entender la vida sexual.
En las novelas negras americanas, el investigador privado opina que los policías son un estorbo, ¿en algún capítulo de la serie no se podría plantear la circunstancia contraria?
Sí se podría, pero lo que ocurre es que hay una posibilidad muy pequeña para conseguirlo. En España, cuando se produce un homicidio, un investigador privado no puede intervenir porque puede llegar a perder su licencia profesional. Puede trabajar en asuntos referidos a calumnias, injurias o desapariciones, pero el homicidio es un delito público perseguible de oficio. Si un detective, durante una investigación, se tropieza con un asesinato ha de abandonar el caso y ponerlo en conocimiento de la policía.
Después de tantos años escribiendo, y no solo novelas, sobre la Guardia Civil, ¿has podido apreciar si la sociedad ha percibido el cambio experimentado por la Benemérita? ¿Has contribuido tú a lavar su imagen?
Creo que más que cambio, habría que llamarlo conciencia sobre lo que es y ha sido la Guardia Civil, una institución que como todas también tiene sus puntos oscuros, aunque yo creo que posee una serie de valores asumibles por buena parte de los ciudadanos y que son desconocidos, bien por falta de información o bien porque no llega a conocimiento público. Sin olvidar también que, en ocasiones, los propios interesados no han sido suficientemente transparentes o no han sabido mostrarse a los demás. En cuanto a lo que a mí se refiere, creo que he desempeñado un papel de intermediario entre realidades pasadas y actuales, que no estaban presentes hasta ahora en la conciencia colectiva.
Internet es un perfecto detector de pistas, lo vemos en la novela. Es fácil seguir el rastro de una persona a través de la Red, ¿los usuarios somos conscientes de todo el peligro que eso entraña?
El noventa y nueve coma nueve por ciento no tiene ni idea, no sabe nada de lo que está sucediendo por ahí e ignora que todo lo que vuelca en la red se pone a disposición de no se sabe muy bien qué. Desconocemos quién es Facebook o Twitter, tenemos claro que hay accionistas pero nada más. No vemos las capas sumergidas, ni nos rinden cuentas a nosotros y tampoco a la justicia española.
Con toda esa fragilidad, sin embargo y como también leemos en ‘Cuerpos extraños’, la Guardia Civil utiliza como herramienta de trabajo los whatsapps porque son gratuitos.
Es verdad que los utilizan, pero los de WhatsApp procesan tantísima información que lo último que probablemente les importa es filtrar lo que hablan los guardias civiles. Pero, bueno, nunca se sabe.
La última por hoy: ¿Bevilacqua o Chamorro ascenderán algún día?
Al final de esta novela, Bevilacqua asciende a subteniente por antigüedad. Si un guardia civil quiere ascender de otro modo, ha de pasar un año en la academia estudiando. Y hay muchos guardias a los que no les interesa porque tampoco son excesivas las diferencias económicas entre un grado y otro.


SOBRE LORENZO SILVA

Lorenzo Silva (Madrid, 1966) ha escrito, entre otras, las novelas 'La flaqueza del bolchevique' (finalista del Premio Nadal 1997), 'Noviembre sin violetas', 'La sustancia interior', 'El urinario', 'El ángel oculto', 'El nombre de los nuestros', 'Carta blanca' (Premio Primavera 2004), 'Niños feroces' y la 'Trilogía de Getafe', compuesta por 'Algún día, cuando pueda llevarte a Varsovia', 'El cazador del desierto' y 'La lluvia de París'. Es autor del libro de relatos 'El déspota adolescente' y del libro de viajes 'Del Rif al Yebala. Viaje al sueño y la pesadilla de Marruecos'. En 2006 publicó junto a Luis Miguel Francisco 'Y al final, la guerra', un libro-reportaje sobre la intervención de las tropas españolas en Irak, en 2008 un ensayo sobre 'El Derecho en la obra de Kafka' y en 2010 'Sereno en el peligro. La aventura histórica de la Guardia Civil' (Premio Algaba de Ensayo). Además, es autor de la serie policíaca protagonizada por los investigadores Bevilacqua y Chamorro, iniciada con 'El lejano país de los estanques' (Premio Ojo Crítico 1998) y a la que siguieron 'El alquimista impaciente' (Premio Nadal 2000), 'La niebla y la doncella', 'Nadie vale más que otro', 'La reina sin espejo', 'La estrategia del agua' y 'La marca del meridiano' (Premio Planeta 2013).